Mis crónicas

Mutación

Hay que disfrutar de la vida, no estoy para enredarme…

Es mejor estar solo que mal acompañado…

No estoy pa´ eso de relaciones serias…

Una relación solo trae complicaciones, tienes que estarle rindiendo partes todo el tiempo, me gusta la libertad…

Hay que tener la mente abierta…

Son solo algunas de las frases más populares y escuchas al respecto de una posible relación de pareja. Nadie sabe el valor hoy día de estar solo, separado, estable o “libre” de acuerdo a las nuevas tendencias, consecuencias o a los vaticinios de este mundo que complicamos cada vez más. El matrimonio es como una quimera en pleno 2018, algo está pasando que una “gran mayoría” no cree de la manera que los anteriores cánones de relación apostaban por el casamiento como centro de la familia y de una sociedad llevadera y en armonía.

La disolución cada vez más frecuente del matrimonio o del concubinato por un lado y un tipo de yoismo desenfrenado, complementan el ser humano de hoy, a tal punto que se desvanece la archiconocida y para muchos cursi: …hasta que la muerte nos separe…

Aunque una gran mayoría sigan apostando por la relación de pareja y por darlo todo, mi enfoque es hacia aquello que parece mutar hacia lo excepcional de este proceso. Ha germinado un nuevo tipo de ser humano, más astuto, frío, materialista y a tono con los nuevos desafíos que la agitada sociedad de hoy nos embute. Un cierto grado de viveza, malquerencia, interés y ventaja anda merodeando la mente humana en contraposición a toda posible correspondencia amorosa. Tema este de extrema complejidad, pues los enfoques hacia la relación de pareja son tan diversos como personas hay.

Mi labor de docente me permite relacionarme mucho con los jóvenes universitarios. Yo le llamo la “vanguardia de la sociedad”, allí está un gran parte de lo mejor, sin menos preciar a los demás. Aunque la diferencia de edad no es tanta, suelo aprender mucho de ellos, pues mi generación creía más en el rosa, el cine y el banco del parque. Hoy los principios de parejas son otros “muy distantes”.

Siguiendo esas dinámicas de interrelación con los jóvenes he aprendido por ejemplo que es casi de “cheos” hablar de bodas, cuidado con demostrar mucho cariño, porque puede utilizarse en tu contra, e incluso; puedes hasta espantar a alguien. Involucrarse es un término que merece atención, pues su significado hoy tiene una vigencia muy trascendental y la palabra amor por otro lado es “muy fuerte”.

Nadie puede culpar lo que pasa, es la más pura representación de la dialéctica ligada a la actual y estática crisis de valores que nos han llevado a convivir en una realidad lastrante que merece la atención de todos.  Existe una disminución en el compromiso, se piensa menos en el futuro de parejas, las metas y proyectos son cada vez más desde lo personal y lo que se vale es vivir el presente sin muchas complicaciones.

Las mujeres suelen ser mucho más independientes, más seguras de sí mismas y prestas a defender determinados pensamientos representativos de la igualdad de géneros, de derechos y en contra de toda posible discriminación. Y el debate está allí precisamente, en la lucha por ocupar una especie de cima, una cumbre tan cambiante y efímera que cuando se llega no se sabes lo que pasará allá arriba. Definitivamente ellas son astutas y evalúan con más destreza todo posible paso y siempre estarán más claras de lo que quieren en una relación.

Los hombres por el otro lado, no solemos ser las pobres víctimas, pero cada caso merece especial atención. No es menos cierto que seguiremos en una especie de tachadura estática al portar los piquetes de la tijera ancestral que nos cortó a todos por igual. A diferencia de las mujeres, los hombres en desventaja seguirán pensando primero con los genitales y eso nos hace inferiores. Estará predefinido a las “rayas” más tarde o más temprano, pues el tigre las necesita para serlo. El machismo parece desvanecerse un poco, pero ellas lo siguen prefiriendo dominantes, fortachones y viriles. La opción más de moda para ligar no es el galanteo con todas sus variantes, la cartera se lleva definitivamente el puesto más importante.

Sea cual fueren los criterios y razones, seguirán coexistiendo las relaciones de pareja, pues somos seres sociales por naturaleza y necesitaremos siempre de alguna compañía. Resulta este un problema generacional y en la medida que los años avanzan para el ser humano se hace necesario tener una persona a su lado con la cual compartir la esencia de la vida. La madurez se impondrá siempre y nuestra formación debe de ir a tono con entender a cabalidad qué es y qué será el matrimonio moderno. Pase lo que pase, la gente lo intentará siempre y en términos de unión matrimonial no habrá jamás expertos, solo un grupo de precavidos y arriesgados y otro de víctimas y victimarios.

Hoy las personas creen más es sus metas personales y lucharán bajo cualquier situación para conseguirlas. Incluso, las antepondrán ante toda relación que esté por debajo del interés personal, aunque después haya cualidades de esa persona que no encontrará fácilmente. Pensar lo contrario es quedarse en la retaguardia del ideario actual y tener que lidiar con un realismo que no cambiará fácilmente.

Es casi normal ver personas motivadas por un interés material y no hay que ser vidente para saber que algo no anda bien cuando la cara de una persona no está del todo feliz con lo que lleva a su lado. Están de modas las relaciones abiertas, solo cuando convienen; nadie quiere complicarse porque estar junto puede ser bueno, pero algo espinoso si tienes que dar partes de tu vida y si de independencia se trata.

Los humanos de hoy somos definitivamente complicados, le hemos hecho homenaje a esa libertad y se vale pensar en qué consiste esa -libertad- que tanto queremos y veneramos.  Miedo, interés, tal vez comodidad o dejadez, la cuestión está rondado por ahí.  Mucho se ha debatido, investigado, pero el enfoque sigue siendo el análisis, jamás la solución. Ya lo dijo el gran escritor uruguayo Eduardo Galeano: (…) vivimos en un mundo donde el funeral importa más que el muerto, la boda más que el amor y el físico más que el intelecto. Vivimos en la cultura del envase, que desprecia el contenido (…)

Acerca de Rizo

Profesor Asistente en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Holguín, pero cubano, amigo ante todo y presto a ayudar en lo que esté a mi alcance. Tengo inclinación por diferentes oficios, pero en especial por la culinaria. Del ser humano aprecio y valoro mucho la sensatez y la humildad.

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