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Comer insectos, una alternativa alimenticia para el futuro

El mundo moderno parece constantemente debatirse entre aquello que le hace bien o no al organismo. Así de apasionante resulta también el tema de las dietas y de los alimentos sanos en busca de una calidad de vida superior. Todo ello, concentrado en alejar enfermedades como el cáncer tan generalizadas hoy en la especie humana. Es por ello, que la ingesta de alimentos es de las preocupaciones humanas más latentes junto a la de una vivienda digna y el acceso al agua potable.  

Garantizar alimentos para los más de 6.000 millones de habitantes que tiene el planeta no es tarea fácil, máxime si las actuales previsiones esperan casi 11.000 millones de personas para el año 2050. Comer insectos podría parecer una locura y la gran mayoría de las personas le hace rechazo automáticamente a esta idea. Pero según la recomendación de estudiosos del tema, debemos comenzar a pensar cuáles y cómo serán las alternativas, porque en algún momento vamos a tener que comer insectos y quizás otros suministros impensados. Y es que, por muy inverosímil que parezca; la provisión de proteínas ya es un problema desde hace muchos años y al parecer, cada vez se complica más el asunto.

Según un reciente artículo publicado en el sitio web EL País: La Guerra contra el asco (…) La producción de carnes mamíferas es la forma más bruta de concentración de la riqueza alimentaria: se necesitan 10 kilos de cereales —que podrían saciar a 10 familias— para que una vaca produzca un kilo de su carne —que alimentará a una. Durante milenios la carne solo fue posible porque muy pocos la comían; ahora, cuando más y más pueden pagarla, el mundo está desbordado, gasta recursos que no tiene —un tercio de sus tierras productivas— en fabricarla (…)

Los cálculos apuntan a que no será algo a corto plazo, pero de acuerdo a los cambios climáticos, la escasez del agua, recursos naturales y por otro lado la ya ascendente superpoblación humana, nada bueno debe pasar si no buscamos alternativas concretas y viables para la subsistencia. La actual y futura situación alimentaria del mundo se complejiza y muchos son los pasos que ha dado la humanidad en busca de nuevas opciones. No en vano la ONU ha desplegado estrategias y tiene a su cargo investigadores y especialistas en busca de soluciones a corto plazo porque lo que le vamos dejando a nuestros sucesores, es un mundo desértico, contaminado y sin muchos recursos.

En ese desespero por lograr metas, se pusieron de moda no hace mucho tiempo los alimentos transgénicos los cuales son producidos a partir la inserción de un determinado gen a una semilla. Dicho de otra forma, es aquel alimento obtenido de un organismo al cual le han incorporado genes de otro para producir una característica deseada. Pero más sorprendente resulta aún la carne producida en laboratorio por clonación de células para obtener animales más voluminosos. El paso del tiempo ha demostrado su efecto nocivo para la salud y al parecer, los insectos continúan siendo la fuente más certera que proveerán esas proteínas que no encontramos y que escasearán en el futuro.

Uno de los principales investigadores a escala internacional en este campo de aprender a comer insectos es el antropólogo holandés Arnold van Huis quien ha comenzado por comerlos él mismo y establecer toda una propaganda publicitaria comiendo bichos y revelando en artículos e investigaciones científicas sus beneficios.

Comer insectos tiene su grado de rechazo de solo pronunciarlo, aun cuando en varios países haya tradiciones milenarias de consumirlos y otros los hayan convertidos en platos exóticos de la gastronomía moderna. En México, por ejemplo; se come un plato compuesto por huevos de moscones y también un tipo de frito de gusano del maguey. En Santander Colombia existe una tradición de comer fritas las famosas hormigas culonas, confieso que estas las probé y me gustaron mucho.

En algunas zonas de África existe una temporada de moscas pequeñas parecidas a las guasasas cubanas, que son muy cotizadas y se preparan fritas al estilo hamburguesas. En las Islas Papúa un plato muy cotizado lo son los gusanos blancos que se alimentan en la corteza de los árboles en descomposición, en Asia, fundamentalmente en Tailandia y China; los grillo, orugas, escorpiones, saltamontes y varios insectos acuáticos se venden en los mercados normalmente, se consumen de manera alarmante, se ha convertido en un atractivo para turistas de todo el mundo y se preparan ya para la exportación al mercado mundial.

Pensemos por un instante y razonemos que es una cuestión de asimilación psicológica y de costumbre. En la formación del hombre, este comió de todo hasta llegar a los actuales hábitos. No decimos que comemos mamíferos, siempre especificamos que consumimos carne de cerdo, de carnero, de vaca, de pescado; sin embargo, casi nadie dice comí caballo, mulo, burro o camello. Mucho menos perro, gato, serpiente o rata aun cuando todo eso el hombre lo ha comido en determinados momentos. Pese a todo ello, cuando pensamos en “comer insectos” la idea de nuestras mentes nos transporta inminentemente a una araña, una mosca o a una cucaracha y eso complica más el asunto, pues nuestros genes están ahí por algo.

Según algunos teóricos el meollo del asunto está en cambiarle la imagen a los bichos comestibles, responsabilidad casi por completo de los chef y los que apuesten por esta cocina. Hablar más de ello y mostrar en los medios y redes sociales sus beneficios innegables. Algo que contrastará con las acentuadas prácticas alimenticias del humano y por otro lado la resistencia que mostrarán los productores de carne animal dispuestos a mantener sus negocios al precio que sea. Aunque, a decir verdad; resulta algo perturbador pensar en futuros productores y crianzas de insectos, fábricas de enlatado de insectos, restaurantes especializados en grillos, recetas de escorpión al ajillo, en fin; algo surrealista pero muy probable ya.

Pero más tarde o más temprano llegará lo inevitable: una confrontación cultural entre consumidores de carne y de insectos, algo así como la actual batalla que existe entre vegetarianos y carnívoros. Por X o por Y, no saquemos conclusiones tan apresuradas ni digamos de esa agua no beberé, aún queda mucho alimento del tradicional por algún tiempo, pero que conste; que mucha gente ya va a la delantera y se dan banquete con sus platos de bichos varios y adaptan su paladar al futuro. ¡Nada, que si nos ponemos a pensar, estamos en desventaja! Pero mi última conclusión es la siguiente: deben tener buen gusto cuando se están comiendo de la manera que se ven en estas fotos.

Acerca de Rizo

Profesor Asistente en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Holguín, pero cubano, amigo ante todo y presto a ayudar en lo que esté a mi alcance. Tengo inclinación por diferentes oficios, pero en especial por la culinaria. Del ser humano aprecio y valoro mucho la sensatez y la humildad.

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